sábado, 21 de julio de 2012

MOMENTÁNEAS

MOMENTÁNEAS

Cuanto aquí se desarrollo son textos que produje hasta el año 2003.



Todo

No hay bordes
Ni centros.
Estamos en todas partes.
Todos los sueños posibles.
Arrebatadoramente
Ilógico mi corazón
Busca el corazón.


Igual

Perpetua contienda
Ni ventajas
Ni fracasos últimos
Que nadie se jacte de triunfos.


Rodeo

No termino ahora
Apenas comienzo.
Tal vez de regreso
Y doy un amplio 
Rodeo para distraerme.


Modas

Me precipité
En asuntos de modas
Que buscaron hacerme creer
Que era yo quien decidía.
Trayectos
De la vida a la muerte.


Incapacidad

Correspondencia armónica
Conjuntos organizados.
Igualmente confusión
Alteración, desorden.
Poderes enfrentados.
Alternativamente circulo
Según el agua que beba.
En esta laboriosidad edifico casas
Para superar la noche
O guarecerme de la contienda
De elementos que me integran
Amparado de la intemperie
De la tortura de saberme equilibrista
E insolvente.
He aquí mi enorme capacidad
Para estar en el mundo
Y sentirme forastero en él.


Carencia

Cuanto me sobra
Le falta a una mujer
Y no sé
Dónde ella.


La casa

Soy casa y moro en ella.
Si estoy fuera abro una puerta
Y dentro cien más se me presentan cerradas.
Una respuesta para miles de preguntas
Múltiples respuestas para una pregunta.
Todo imperfecto, y los cambios
Aunque corrigen insuficiencias
Abrigan irregularidades, trivialidades
Agujeros.
Abrir y cerrar, de esto se trata.





Centro

El universo y su región transparente.
El hombre y su transparencia.
La lucidez en el centro.
En el centro el hombre.
En la médula de éste la mujer.
La mujer centro y deslumbramiento.
He aquí todo llega
A ésa que me ofusca.


Morir-Vivir

Muero
Me voy
Nunca concluí cosa alguna.
Nada más venir
Y ya proceso a la muerte.
Acaso he llegado sólo
Para enterarme de que
Tengo que empezar de nuevo.


Soy

Esto que soy
Como los cuentos de la sultana Scherazada
En las Mil noches y una Noche
No acaba nunca
Y comienza siempre.


Soy

Intimidad
De estiércol y espuma de mar.
Exterior nada atractivo.
Cuatro pelos por barba
Y grandes ojos tristes.
Esto soy.


Circunstancia

Entre el sol de la tarde
y yo
un edificio.
Progresan las sombras
en mis ojos.
Se depositan
los barullos de la calle
en mis oídos.
Nacen en la noche
huecos de luz
y el mar se estremece
y disfraza
de reverberaciones charoladas.
El sol.
Yo.
Interpuesta
la serpiente de la noche.


Hilo entre la noche y el día

Tiene el fuego
sombras
cenizas donde aves
nocturnas
alimentan
vuelos.
Mensajes de la noche al día.


Perspectiva

En la casa
Junto a la ventana, tú.
Afuera la bestia
Se arquea
Y es estrépito.

Todo depende
De la ventana
Desde la cual
La fisgoneas.



Espejo

El agua
me halaga
alivia
y purifica.
Me revela
el rostro
con el que satisfago
la modestia
de mi plural voluntad
arremetiendo embustes.


Tempestad

Viene del mar el viento
y aún no conoce tierra.
Aúpa árboles
hierva
y polvo.
Indecencia temeraria
en sus pliegues.
Precisa el temple
de cuanto se mantiene
de tierra y no de agua.


Destino

Incorporo mi individualidad en el todo
No desaparezco.
Latencia en aguas revueltas
En vientos sin dirección.
Relajado, complaciente
Ni ángel ni demonio.
Tal vez reproduzco el destino
De otros hombres.


Dónde

Para ofrecerme holgura
Alguien, en algún lugar
Me espera.
Debo saber
Dónde
Y dirigirme allí.


El otro

Viene
Escudriña temores, valentías
De vez en cuando uno de los dos es silencio.
Ordenamiento interno del rosado a la luz
De la sangre al viento.
Al final de cada día o de cada noche
Según necesidades
No estamos cansados de escucharnos.
En treguas lo imagino
Alejarse por el malecón
Bote en mi sangre.
Busca su casa, la nuestra
Acomoda huesos en serenidades
Hasta cuando, de nuevo, lo necesite frente al mar
Fundidos uno en el otro
Como amantes que no dan tregua
A palabras ordenando sentimientos.
Restaura equilibrios
La complejidad del ahora
Húmedo de lluvia viniendo de otra parte.
Se va y no tengo conciencia
De mis células
Se derrama el agua de mi cuerpo y cae al mar.
La luna ordeña luz del sol
Y la vuelca, a baldados
Sobre nuestras esponjas ambiciosas.


Soledad

Nadie me busca
Ni me reconoce
Ni me conoce
Ni me nombra
Vestido de lunes.


Amigos

Casa donde me viven los otros
cuando me piensan
o me nombran.


Oscuridad

Qué cosas tiene el alma
cuando la ponen prisionera
(la puerta cierran
apagan la luz
y el silencio presagia golpes en la carne:
picanas, colillas de cigarrillo
y la flor de los oídos rota o herida).

Qué cosas tiene el alma
cuando la desmayan
(prisa de ir tras el tiempo para olvidar el dolor
los labios cerrados para proteger el temblor
de los hijos).

Y delante de los ojos
y en ellos
el odio.
Delante lo imposible de negar
Porque
qué cosas tiene el alma
cuando le mezclan en la sangre temblor y frio.


Espejismo

Con hierro arremeten.
Achatan
en sus corazones
lo que son en otros.
No suplicio en sus carnes.

Hordas uniformes.
Depredadores.
Los agobia la estupidez.

Entiendo cuando se aman.
No comprendo cuando se odian.


Remotos antepasados

Se fueron.
Lejos.
Hace tanto tiempo se fueron.
Yo no había llegado.
Ellos no habían llegado.




Dos esquinas


Un corredor.
Al fondo
dos esquinas.
En éstas
dos diferencias.
Cada una frente a la desigualdad
de la otra.
Los ojos anchos
premiosos
de conocerse.
Al fondo
dos apariencias.
Sueños soñándose.



Armero

Allí. Ahora. Nada.
Hubo voces.
Calles, acacias y almendros.
Olía a comida
y se amaba.
Olía a sudor
y se lloraba.
Allí. Ahora. Nada.
La risa se ha ido.
Silencio de lodo seco
y un río que busca el Magdalena
ajeno a las piedras
que trituraron sueños.
Allí. Ahora. Lágrimas
de mutilados
y estupor de vivos.



Instante

Entra en la carne
la cruza.
Estupor.
En un segundo
muerte y vida se tienden la mano.
Una queda
la otra se aleja.
Sobre la tierra
el cuerpo ensangrentado
se desviste de movimientos
y de sombras.


Al borde del río

Al borde del río
Sentado
El agua
Desnuda mis huesos
Y al mar
Mi tierra



Confesión

Me confesé.
El otro:
Estás esencialmente errado.
Se precisa castigo.
Me acusa
para luego otorgarme el perdón.
Supe, entonces, que
el otro vengaba agravios.
Orientaba mi destino
y desnudaba la vergüenza
de mi corazón enmalezado
de pasión con tres
padre-nuestros y un ave-maría.


Señora

La huelo
en boca
ojos
pies
vientre
sexo.
Como perfume
llevo la muerte


Deseos

Anoche
antes de conciliar
los treinta sonidos del día
con el insomnio
pensé:
Mañana seré
moján midiendo la llegada
del río al mar.
Seré pez
dando coletazos en mi propia agua.


Efímeros

El río pasa.
Nosotros también.
El río queda
Nosotros no estamos
para verlo pasar.


Paisaje

Paisaje.
Los hombres.
Éstos en aquel.
A veces no.
Paisaje
desnudo de hombres
me deprime.


Libre

Libre.
Sí.
Libre.
Hasta me desobedezco
a mí mismo.


Fósil


Soy
También
Fósil.

En las estructuras
microscópicas
De mi materia
Huellas
Estigmas
De mi ascendencia.


Presumo

Sospecho
Del ruido del hombre
Que se miente a sí mismo
Para mentir a otros
A mí.


Ajustes


Deficiente
Mi mecanismo de adaptación.
Aguda ansiedad
En cambios de espacios
Situaciones
Amores
Odios.
Exagero medidas protectoras.

Vana y estentórea
La suma de mi soledad.


Situaciones

Los cambios
Que se dan en mí
Son de 
soledad a soledad.



Insurrección

Me figuro
esencial
primordial
inevitable
ordenado
desde siempre.
Niego
irritado
mi contingencia
la prefiguración
de mis cenizas
en el agua.


Valentía

En la luz una sombra.
Descansa el cuerpo.
Aquí todo gesto
reproduce contornos del sueño.
Nada de la luz
de la sombra
cae para hacerse polvo.


Confusión

Algo en mí
Me confunde
Ciega
Y quebranta.
Me angustia
Todo cuanto es hermoso
Porque no puedo gozarlo.
No me ilumina la luz.
Condenado
En el centro mismo
De ésta que
Testaruda
Muerde
Mi olor de hombre
En desolación.
Se paraliza el aire
Y la noche de hierro
Herrumbrosa
Y punzante.
Hiere mi sangre.
No soy más 
que hombre
Desmembrado.


Todos los caminos han sido ocupados

Todos los caminos han sido ocupados.
Por donde otros han ido
nosotros vamos ahora.
Si por alguna circunstancia
desviamos nuestros pasos
Otros, en este mismo lugar
ya lo han hecho.

Los paisajes han sido percibidos.
Ahora los observamos como si fuéramos
los primeros en llegar a ellos
y la emoción es rápida
iluminada y voraz.

Otros, como nosotros
Tal vez sí, tal vez no
probablemente semejante
han sentido lo mismo.
Tanto nos repetimos y no somos iguales.


Melancolía

No es sólo querer otra cosa
No sólo arena del pasado
Es un sentimiento profundo
De no acomodo en el cuerpo
De un no se qué
negando el instante.

Fugacidad del movimiento
De la palabra en el movimiento.
Palabra vacía
Sin el sentido que viene luego.

La nada
El no ser
Puridad del no ser en la nada.


Rutina

Cada vez, al salir
A estas calles imposibles
Me visto con la muerte
Entre frases y sudores.
Calles que llevan a todo
Llevan a nada
O a eso de más allá
O más acá
(Antes de mi llegada)
Y que en mis ropas es risa glacial
De boca
Que si se abre hiede.


Solitario

Frente al tablero de ajedrez
Juego con el otro
Y este otro soy yo.

Gambitos, trampas, celadas
Siempre buscándome
En el error para saber
Dónde, en el tablero
Estoy ubicado
Defendido, defendiéndome.



Desnudos

Nos quitamos la piel para quedar en huesos
Nos quitamos los huesos para quedar en polvo
Nos quitamos el polvo para quedar en agua
Y en la memoria de quienes nos aman.

He aquí que, en realidad, nunca
Nos hemos acostado con la muerte.


La esperanza

La esperanza.
Grito de los vivos.
Rebelión de éstos contra la muerte
Afirmación del ser
Celebración de lo que es y será
Llamado de cuanto debe ser
Y es de otra manera.



Los días

Los días.
Uno tras otro componen alegorías
Moviéndose hacia la superficie
De la memoria
Y el instante es ya superficie.

Ola de horizonte a horizonte.
Este es el escenario.


Final

Estaré solo
Sin amigos.
Extraños en el círculo de mi agonía.

Recostado en el lecho
Sin más paisaje que las paredes de la luz
La tierra insertará noche
En ángulos de mi conciencia.
(Que nadie ponga frente a mí espejos).

Estaré, pues, desnudo de árboles y casas
Una sombra más bajo el sol.



Hermosa herida

Nado.
Me multiplico
En el agua
Bajo miradas
De alcatraces.

Agua:
Estupendo movimiento
De olas y espuma
En mis brazos.

Herido de mar
Hermosa herida.



Amigos

Me brindan un vaso
Lleno de crepúsculo
Y lo bebo
Mientras nombro
A quien me quiere
Y quiero.


Vida y azar

La vida.
Remolino que sofoca
Sujeta o atasca
Donde todo termina y nada acaba
Donde todo empieza y nada empieza.

No hay gratuidades
El azar, incluso
Posee su geometría
Su aritmética.


Luz en sueños

Comí un pez onírico.
Vinieron los animales
Todos
Y nos embriagamos
Hasta tres veces
La llegada de la luz.


Padre

La voz del padre:
Substancia de hombres
Que le piden y lo adoran
Para orientar incertidumbres.



Padre

Trastornado frasear
Elipsis y triángulos alrededor de nada
O de protagonismos de padres
Y el paraíso aquí, en mi entorno
Solo con el beneficio de creer o no.
De pronto yo menos real que ellos.


Padre


No fui yo mismo
Sino otro
Representaba a otro
Representado por otro
Y en todos los disfraces
El otro era
El Padre
Mi padre.



Padre

A granjearme favores del Padre llegué
A iglesias:
Salud, riqueza, victoria sobre enemigos ...
Lo adulé, soborné y, sobre todo, llamé
Él se ocultó.
Enmudeció.

Acaso lo abochorna el Universo.
Acaso no está arriba ni abajo
Acaso Él, como mi padre
Se avergüenza de mí.
En el fondo Él, en su séptimo cielo
No ha resuelto los misterios del Universo.

He aquí por qué  se esconde
Por qué no responde.


Padre

Me miró
Desnudó
Y, gracias a la ceguera de su egoísmo
No fue accesible.
Giré, en su casa,
Como cuervo desplumado.

Lamentable pobreza de amor
En medio de dificultades.
Sus gestos displicentes
Me trastornaban.

Desde la luz
Caía al ceniciento polvo de sus juicios.


Padre

No termina de caer mi edad sobre mis piernas
Fatigadas de huir del severo rostro.

Cada tarde se me vuelven tardes de mi padre
Sentado en una silla para aguardar la noche
La fresca brisa y el descanso.

Llegar a esas tardes son descensos
desventurados al agua turbulenta de sus ojos.

Naufragios que quebrantan
Y humillan mis vacilaciones.


Lógica proteica

A mi disposición mecanismos que a la luz
Entretenían a quien buscara conocerme.
No me atrapaban.
Torcían mi alegría.
Se iban.
Yo, sediento, miraba y no interpretaba signos.
No estaba seguro de lo que quería con mi ánimo.

Rebeldía que alteraba mi insomnio
Y un día después
Poco para ser yo mismo.

Fantasma harapiento
Que trepaba árboles y lamía paredes
de casas abandonadas.



Tiranías

Parentela y escuela aturdieron
Mis tempranas voces.
Crearon muñecos de trapo, húmedos
Desgarbados
Rostros nalgados.
Tiranizaron mis sueños, apagaron
Mi incandescencia
con el escurrir de sus babas morales.
De ellos hoy
Tomo venganza, olvido cómo llamarlos
Cómo jugar con ellos.

Caen, como secreciones, de mis labios a mis pies.



Sociedad

Hombre colectivo, dicen.
Desenreda mi pelo quien se levanta de la cama por mí
Libra de sarro mi dentadura.

Tropiezan, caen y se enderezan con estuches
Sigilosos de estaciones averanadas en mi piel.
Huelgan en sillas del parque y miran
Muchachas que codicio.
Separan de sus pies mis zapatos
Arrugados de callejear.
Gozan éxtasis amorosos de mi compañera de luz a luz.
Mojan sus ojos de llanto y risa anunciando que
Estoy solo en mi desconcierto.
Toman de la mesa alimentos y satisfacen
Intestinos para abundar fuerzas en mis carnes.
Giran, vertiginosos y alados en
Mis sueños cojeantes.
En últimas, para no prolongar razones
Asumen los estremecimientos
De ser yo mismo
En melodías de incertidumbres
Más allá de las cosas que no se acercan a mis manos.
Diluido el río en el agua del océano.

Descendí pendientes
Crucé llanadas
Fundé ciénagas
Navegué ríos.
Al final nada mío se insinúa en el inmenso
Parlamento del hombre.
Tanta unipersonalidad de los otros me abruma.


Puertas abiertas

Hermético.
Huraño.
Enmudecida pubertad.
Juventud.
Vaciado de voces.
Demonios internos.
Contiendas.
Sustos.
Herido de incertidumbres.
Inseguridades.
Aún así la certeza de haber soñado.
Idealizado.
No tanto desorden en casa.

Hoy, en la invulnerabilidad del tiempo
Que ni viene ni va
He dejado puertas abiertas
Y han entrado quienes han querido.
Hoy mucho más vacío, lastimado de reproches
La casa en desorden
Sin luz mis sueños.
Filo de sombras que engullen claridades.


Engaño

Oscilo.
Luz y sombra.
Columpios, toboganes, máscaras, equilibrios.
Dos puntos
Una línea los une, curva o recta.
En esta línea hago parecer
que vengo todavía.


La guerra

Orden. Desorden. Eterno iniciar.
Penoso concebir nuevas disposiciones
Hábito de reconocer límites en todo.
Cataclismos que detienen ingenios y
voluntades en el universo
Y luego no caben esperanzas ni esperas
Y sí un mirar como perdonando ofensas.
De nuevo el sudor, las lágrimas, la risa
El amor, el odio, la reconciliación.

Carrera desde y hacia las armas.

Otra agonía.
Otras valentías al lado de otras cobardías.
Y así descenso o ascenso
sobre la telaraña de la luz.


Abismado

¿Acaso relámpago en la eternidad de las tinieblas?
¿En cenizas toleradas por el fuego al cruzar?
¿Cómo acreditar racionalmente mi presencia?
Carezco de datos.

Antes de nacer, nada. Vacuidad.
En el ahora, enraizados, un color, un aroma
Un sonido, un gesto, un parpadeo
Una mirada, una centella
El chiflón en el marco de una puerta
La cándida monodia de la lluvia
La agitación de una ola
La rama de un árbol mordida por la luz
Objetos usados por las manos
Cuando ignoran caricias en la piel
Arrebato incontenible
De los poros en el amor...
No me someto del todo a morir
Como combinatoria alquímica
De elementos al azar.

De momento, abismarme.


Luciérnaga, apenas

En el centro de mi oscuridad
Una porción de luz.

Cuanto ensayo y padezco
Poco o nada me resuelve.

Interpelo, consulto, sueño
Imagino poéticas.
Nada más.

Quizá el resultado
De giros y transformaciones en luz de cocuyos.


Circunstancia

Anciana en la ventana.
Sonrisa sin dientes. 
Rancio olor.
Se revuelve en oraciones, permeabilizada
Por el aroma del Padre. 
Camándula en regazo.
El bullicio de la calle la socava e inquieta.
La gente al pasar siente temblar
La brisa en sus oídos.
Se observa en el trópico de su pasado
Donde fue capaz
De insomnio a causa del amor.


Amores de azar

Hay amores de “hola, qué tal
Cómo estás
Quisiera...”
Entonces
Acuden
Se acompañan
Se quitan
Se enlazan
Se mueven
Se visten
Se van
Se van
Para unirse otra vez
Con otro u otra
Y así ,“hola, cómo estás
Quisiera...”



Amantes

Nos amamos
!Oh paradoja!
Somos tan impares.
Leopardo y gacela
Entre sábanas.


Agua

Tormenta en tus pezones
(Temblor de agua primordial.
Piel de agua.
Lluvia torrencial en mi boca)
Torbellino en tus pezones
Ellos en mis labios.


Vírgenes

Eran árboles.
Y uno a uno se fueron
Transformando en vírgenes.
Eran siete delante del
Ángel de la espada que
En su pedestal, y cercado
de nubes, las iba hurtando una a una
Para deleite personal.


Espuma

Tendida en el lecho
no supe dónde terminaba su cuerpo
ni dónde empezaba.

De leche y goma
los bordes de sus senos.

No supe cómo era su cuerpo
para mis ojos, las manos sí.
Estaba entre la semilla
esponjada del arroz
y la cresta de una ola
que deja el barco al pasar.


El sol moría

Latía la calle
y la luz era blanca ceniza.
Moría la himno de los colores
en la avenida palpitante de rumores.

La tomé la mano
y en la mano
el eco del beso fue otra luz.


Solo

Solo.
El canario triste.
La leche no va al fuego.


Despertar

Ven.
Vamos al campo.
Madruguemos.
Veremos si verdea la hierba
Si se entreabren las flores
Si los frutos han madurado.
Ven.
Déjame saber
El tamaño del júbilo en mis manos
Frotando la tierra.


Luz en amores

Suele la luna franquear
predios del sol.
Ella lo busca.
Entrañas unidas.
Ráfagas de sombra
en la luz.


Nacimiento

De las sombras
transcurrido el temblor
de un orgasmo
a la luz me sacaron.


Dónde estaba

En mi memoria
la busqué
y la encontré.
La averigüé
en las horas de la tarde
en su casa
y se había ido
con otro a cine.


Rosamunda

Soy tarde
Y me habitas
Gaviota de sol.

Sobre el agua camino
Y mis manos te buscan
En el viento.
Y te encuentro
Y sobre tus alas
Mis sueños se tornan
sol, viento y tierra.

Ya no hombre que espera.


Puertas

A Ivonne Durán.
Para salvar una vida entregó la suya.


Has tomado el camino de las siete puertas
Y has traspuesto una y otra y otra
Y a la séptima has llegado
Y la has franqueado
Y ya no giras y giras como una sombra más
En el desorden de las sombras de la noche.


Destinos

El capitán Von der Dekken, siglo XVI, a pesar de
Vientos en contra y aunque durara
Eternamente, juró doblar el Cabo de la
Buena Esperanza, y aún sigue en ello.
De este terrible sino sólo lo salva el amor de una mujer fiel.

Baret Fokke, siglo XVII, Holanda.
Pasmosamente mal parecido.
Consuetudinario blasfemador.
Hizo travesías de Amsterdam a Batavia en
Menos tiempo que otros marineros.
De una de estas travesías no regresó.
En tierra pensaron: Sus injurias han logrado la condena
De parte del diablo, de navegar
Contra viento y marea, hasta el fin de los tiempos.

En tierra el judío Ahasier, zapatero en Jerusalén.
Negó ayuda a Jesús cuando éste estaba en el camino 
del calvario.
Designios superiores lo condenaron a caminar
Por siempre y nunca morir.

Fokke y Ahasier víctimas de dominadores
Intransigentes y extraviados, desprovistos de
Amor y entendimiento.

Dekken cabrón expiatorio de divinidades que
no han tenido
El coraje y el brío de calcinarse
En las salobres llamas de las mujeres.




Cuaderno y palabras


Uno

Llenar de voces el cuaderno es vicio
Un penetrar hasta el fondo del silencio
Para hacer girar al silencio.
Desenfreno de la hoja y la palabra
Que, enamoradas, se buscan para tolerar
El crecimiento de la soledad.
Dos enfermedades que se buscan
Para impresionar vírgenes, inmaculadas
Parroquias sentimentales
y simbolizaciones sensoriales.



Dos

Mi voz articula palabras y las arroja al cuaderno
Y las palabras heridas carecen de luz.
No es silencio porque no hay satisfacción en ellas
Un terreno ganado no motiva, no hiere
Se usa y nada más, no hay perspectivas.
He aquí que mi voz es incertidumbre
Las respuestas están ocultas, son potencia, eventualidad.
el camino no se ha recorrido
Para llegar al lugar que mi voz ha escogido en el cuaderno.



Tres

Llenar el cuaderno con los ofrecimientos de la luz
A la tierra, con las donaciones del mar a mis ojos
Colocar en éstos las palabras que los nominen.
El cuaderno se me transforma en palabras
Y estas contienen mi médula, el gruñido de mi médula
Y la médula es la palabra (dulce y dolorida frase)
Nombrando el río de mis sentidos.

Qué es esto, qué aquello, esto importa.
El qué es la espera, la paciencia, la ilusión de una frase.
Palabras que, aunque poderosas
Aguardan la ayuda de mi ánimo.
Pero las palabras no tienen sentido si no se
Trajean con sonidos
Si no se exponen en desfile por mis sentidos
Por la flor de la resonancia
Que, aunque nombra, es siempre elipsis.
Silencio porque no dice cuanto dice, por lo dejado de nombrar.
Lo callado más poderoso que lo que brota al aire, a la luz.
Entonces el silencio es lo primero, lo primordial
Alimento de una ilusión
Acomodo de la nacimiento en la venas
Para buscar puntos en los horizontes.


Cuatro


Decir lo que puedo decir es no decir nada.
Decir, por ejemplo, este animal es un asno
Nada significa, nada representa.
El asno no existe, no está en el cerebro de quien me escucha
De mí que me atrevo a nombrarlo.
Del animal sólo el sudor me indica en él su cansancio.
¿Y esto qué me dice?
Una emoción, un sentimiento, un sonido
Conminándome a: Ten cuidado, no te excedas
No te excites, no abuses, no fuerces.
Nada de lo que digo es el asno.
Así, pues, decir es decir nada, nada
Sólo juego en mi egocentrismo moviéndose
Para cruzar el río e ir al otro lado del animal, de la cosa
Pasar por ello sin haberme impregnado de ello.


Cinco

Decir, por ejemplo, mis palabras
Son puentes que van del cerebro al objeto
De mi interior al exterior. ¿Qué trae?
Una manera de ligarme a la naranja, al tomate, 
sin ser naranja, sin ser tomate.
Aroma en mi ropa, en mi piel
Motivo para que mis ideas se esponjen
Para que las palabras se llenen de trigo
Para que mi voz se llene de pan
Para que mis diálogos se llenen de sueños
Para que mis sueños se llenen de nidos y de
Pájaros asustados e irreverentes.


Seis

Odio los puentes. Las partes que los componen
Me dicen poco de lo que ellos son.
La razón: no entran en el río
No se disuelven en este, no se impregnan de peces y limo.
Es un infinito desamparo de lo que el río trae
De lo que el río deja, de lo que el río lleva.


Siete

¿Qué es el cuaderno?
La cama de mis palabras
El lugar donde mis palabras reposan
El vehículo para que otras voces se incendien.


Ocho

Las palabras se espolean, se atropellan
Y en este forcejeo unas cuantas caen al cuaderno
Han sometido al silencio.
Intimidan porque son combativas, guerreras
Algo de cruzados medievales
Algo de soldados vietnamitas
Algo de colonizadores de la selva amazónica.
En el combate se hieren para hallar el sentido
De la mariposa en el árbol, del pez en el agua
Del agua en el ojo, de la mano en el cuaderno.


Nueve

¿Qué soy Ahora?
Tal vez un punto en el cuaderno
Probablemente una mano que toca una puerta
Para que, desde adentro, alguien dormido despierte y abra
Tal vez el canto de un búho habituado a la ciudad
No le tiene miedo al hombre ni al ruido ni al tóxico de los carros
Ni a la violencia abriendo boquetes en la noche.
Tal vez él quiere hablar
Y sólo el cuaderno lo escucha.


Diez

En el apartamento de enfrente alguien llama a la puerta.
Repite los golpes en la madera.
Adentro nadie responde.
Insiste, entonces ladra un perro.
Los golpes suben de intensidad
Y el perro aumenta su nerviosismo.
Al otro lado de la puerta un sueño
Avanza hacia la superficie de la noche
Toma de un lado de la cama las pantuflas
Se abriga un poco porque está desnudo
Y los golpes insisten, y los pasos progresan hacia la puerta
Y la puerta es abierta para cancelar el llamado.
Todo esto le ha quitado sueño a mi cuaderno si sueño tenía.


Once

Voces de mujeres.
Están despiertas para gozar un baile
Gozar un hombre.
Que así sea, la noche las purifica
Las purifica mi cuaderno.


Doce

Mañana otra vez serán vírgenes
Deseables y descalzas.
Para el desconocido de ellas
Ellas serán siempre la primera vez.
Así el cuaderno no será páginas en blanco
En cambio sí un rojo horizonte en mi corazón.


Trece

Los vicios se tocan, se necesitan, se entregan, se apasionan
A cambio de nada. Esto hace las palabras con el cuaderno.
Vitales porque en ellas y en ellos palman mis silencios
Mis cobardías y mis tinieblas.



Zoomar



I
La medusa

Filamentos de luz y agua. Ases de luz, hilos de agua cuelgan del púrpura. Filamentos relámpago de ponzoña, destellos tóxicos. De la sombrilla caen y la sombra en el fondo de corales y arena. Sombrilla de peces vanidosos. Dolor en la piel del bañista que venturoso y ejercitado nada para limpiarse de malas memorias que la tierra le ha dejado. Escuece y enrojece el centro del dolor. El bañista salta del agua y nada hacia las orillas de su mundo habitual. En el agua la medusa, a impulsos de su cabellera protectora, va a otra porción de mar, a otros peces que sombrear.

II
El Erizo

No quiero ser el mar para ser herido por el erizo. Obeliscos, en extremo agudos, apuntan al sol.
Un mal sueño no deseo tener en la planta de mi pie. De negro se dispara desde algas. Cortejo de monjas de mala leche, en místico reposo aguijonean los cielos que las tardes llevan a cuestas. No le abunda la arena ni las piedras para su tránsito. Alucinación de tumbas, ciudad oscura y de altas torres. Ciudad en montículo. No quiero ser el mar para caer sobre sus punzones, sólo la espuma de una mujer sobre mi pie.

III
La barracuda

La veo dentro del agua. Saeta que separa el agua y la reparte equitativamente en sus costados. Tan esbelta, tan firme, nervios de plata en persecución de cardúmenes. Fuera del agua, una vez atrapada en el anzuelo, más muslo de mujer, más temblor, más volcán que se arrebata y busca mis manos, mis caderas. Mi porción de amor entre sus poderosas mandíbulas es su empeño. Al fin y al cabo hembra y como tal sus hechizos, sus combates, se resuelven en mis manos, en mis muslos que la aprisionan contra el bote para arrebatar su fiebre de amor.

IV

El pulpo

En el escenario de pendientes, arenas y corales, como telón de fondo peces que disfrutan tomados de las aletas, la danza es elegante y precisa; muchachos y muchachas en la punta de sus pies hacen del vacío una curva, una línea recta, un rectángulo, un recodo, una esquina, un celaje, un algo de vuelo de espiga de trigo que cae en picada hacia la sima. Arriba un par de ojos vigilan y dirigen; en la cara algo de Monalisa burlona y satisfecha. El óctopus que eres, gelatina y goma, en mis juegos espero. Tantos brazos como tú para pegar mis ventosas en las mujeres que se bañan desprevenidas y hacer del mar una polvareda de jinetes galopando sus caballos.

V

Caracol

De verano a invierno su tiempo espiral como su casa. Olas submarinas, marejadas en puertos, suspiros de lejanas tormentas en su rueca de tornado. Tomar un vaso de agua para qué, no lo acosa la fatiga ni lo azuza la premura. Con su casa a cuestas ni el sol ni el agua son impertinentes. Si tomo en mis manos su concha es como si acercara el mar a mi corazón: pasajes y ritos, la voz del pirata, el canto de la sirena en mansiones de cal y coral. Aquí el eco de azules forjas de metal. Aquí rumores de naufragios y aromas que dicen que yo también soy del mar. En mis manos es como si estuviera dentro de su casa y me sentara en muebles traslúcidos, me sirvieran bocados de mar en porcelanas y un cortejo de mujeres masajearan mi cuerpo de amor. Dentro, vestido de habitación sin haber enfermado. Sé de su sabor a vino, sé que el mar tiene su corazón en esta casa, un corazón sordo, eterno que avanza lento entre glaucas grutas, peregrino que siempre va, que siempre viene sin haber partido.

VI

La almeja

Nácar y bulbo, ¿qué más pedir a la forja de mis cortejos? Dulcemente prisionero me derramo en torrentes de sedas y pantanos. Al final la perla dice que allí estuve como un esforzado caballero, descalzo de la cabeza a los pies.


VII

Caballito de mar

Al otro lado de algas, corales y dunas, ella. Mis pasos se fatigarán y ella tal vez no esperará. El caballito brinca, manotea el agua y sacude la sal de su soledad. Trepo en él y entre corales y anémonas, protegido por escudo de escamas, la cruzada al Grial menos penosa. Rutilantes lentejuelas y fosforescencias de fábula hacen más azul y sonrosado el púrpura de nuestro ir. Su galope inventa la luz de mis necesidades, los trechos de barcos hundidos, los oleajes de chimeneas, las calderas que burbujean y humean la superficie del mar. Lento nuestro tránsito como lento el recuerdo de aquella que espera. De un lado redes de cáñamo tendidas, del otro,  tritones  encajados  en  sirenas,  ondinas  entre madréporas coruscantes en el espacio ganado, debajo de novias y novios ahogados y adelante espumas donde se bañan y juegan delfines. Luego copas de vino donde bebieron reyes del Caribe, pescadores que fuman tabaco en escolleras o botes, veleros que vienen de países lejanos y desconocidos. Cuando llega la noche descansamos en las barbas de una ballena dormida; mientras se acerca la madrugada mordemos los senos de la noche y la leche nos da ánimo para reparar las heridas salobres de naves náufragas. A la hora de las espadas del día, cortando la superficie pulida del mar, retomamos el cielo de agua. Detrás nuestro, nada que sean huellas para otros amantes de ojos transparentes que nada esconden, nada muestran, nada para adivinar, monograma de olas que fluyen y refluyen en espadas que nunca se oxidan. Brillan sus belfos tascados de espuma, estrellas desflecadas sus crines.
Al final, la amada ahí, dormida. En su boca el aliento de mi caballito de mar la despierta más rosa, más flor que palpita entre ijares y ancas.


VIII

La tortuga

Sobre su caparazón laberintos que llevan a templos donde la mujer espera. Puedo trepar en ella, sentarme a vivir el viaje, la mudanza lenta que más que avanzar, retrocede, como la  luz en una casa sin puertas ni ventanas. Puedo asomarme al paisaje, ella ahí; puedo dejar la ventana, inventar otras señas, regresar, y ella ahí. Despacio, despacio la hoguera que escribe; en el coral secreto de sus prisas lentas, no termina la caligrafía de su nombre. Al final he aprendido: En asuntos de cortejo, uno debe ser lento en este universo apresurado. 

IX

La Gaviota

Un signo sobre el azul su vuelo, la gracia de un instante que se hace eternidad, cifra que conduce a otra esquina del mar. La leche de sus alas bordea el ocaso donde me siento prisionero, como detrás del biombo que ella con su cuerpo talla en el ocaso. Gota de nieve encendida en el cielo, trajeada de espuma, como si el mar precisara pétalos de nieve y alas líquidas. Me gusta cuando cae como pañuelo abierto sobre el puerto. El cielo no es el mar, pero se hace mar cuando ella es onda que resbala por el aire y lo hace más transparente. Ella, libro abierto, donde el mar lee los mensajes que los hombres le escribimos.


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