miércoles, 25 de julio de 2012

HIPONÉMATA


HYPONÉMATA 1

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Cuaderno personal para ayudar a la memoria. Libro de vida. En este se consignan citas, fragmentos de obras, ejemplos y acciones de lo que he sido testigo; relatos que he escuchado, reflexiones o razonamientos. Memoria de las cosas leídas, pensadas, oídas. Acumulación de vida para meditaciones ulteriores. Materia prima para futuras redacciones.
            Esto ha surgido de la lectura al texto: Estética, ética y hermenéutica. La escritura de sí, cap 118, Michel Foucault. Barcelona: Paidós Básica. Vol. III 292-297. Foucault escribe: “La escritura como ejercicio personal hecho por sí y para sí es un arte de verdad inconexa o, más precisamente, una manera reflexiva de combinar la autoridad tradicional de la cosa ya dicha con la singularidad de la verdad que en ella se afirma y la particularidad de las circunstancias que al respecto determinan su uso”.

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Esto que va en las líneas que siguen, no intentan demostrar nada. Notas que se acumulan y que, probablemente significarán algo, si es que puedo llegar a algo. Lo dado organizado es falacia, por lo mismo pensamiento estéril. Esto, aquí, terreno del azar, de lo plausible, el lugar de las intenciones, de las metáforas.

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Aunque aquí todo sea descriptivo hay organización, pero en esta organización no necesariamente los hechos son previsibles, no sabemos qué elegirán ser en el curso de su manifestación.

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Mi creatividad es ontología y cognición. Cuenta no tanto la eficacia como mi presencia frente a la realidad. Participo, total, en el evento creativo; transformo y creo ámbitos, pues congrego la dinámica de la vida en el caos como en el orden.

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Caos no es anarquía, es otro orden, ni perfecto ni imperfecto; la cuestión aquí no es de solución o de abandono; se averigua por el cómo; digo que toda vez, al poner mi mirada sobre los eventos, los hechos, las situaciones, son distintos. Frente  a mi mirada, cuanto está ahí, es un afuera que está dentro de mí como distinto y original. Acaso esto sea el caos.

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Nuestro crónico hábito de pensarnos fragmentos aislados. Sin embargo, sabemos que somos colaboración, codesarrollo; en estos casos somos parte de cuanto observamos.
            Nos hemos obsesionado por el control y las predicciones, hemos atendido más a la lógica, al análisis y a la objetividad, abandonamos lo emergente, la sutiliza.
            Nos hemos obsesionado por el control, pensamos que, cuanto más técnica creamos, más control tenemos sobre las cosas. Para una nueva técnica creamos otra nueva técnica, así acumulamos, hasta cuando estalla cuanto consideramos ordenado. Si a un río le tiramos al lecho una piedra, parece no pasar mucho, pero, si le votamos muchas, la flexibilidad del sistema se rompe, colapsa.
            Nos hemos acostumbrado a simplificar y a estereotipar todo. Por ejemplo, la ciencia usa la matemática como filtro para simplificar y volver abstracta la naturaleza. Es como si la ciencia se limitara a lo cuantificable, lo susceptible de medición. Pero midiendo solamente no nos lleva a saber lo suficiente para comprender. Medibles, las cosas, parecen simples, pues para medir se necesita aislar. Sin embargo, cuando las cosas se miran conectadas, todo se nos vuelve extraordinariamente complejo. Así, cuando simplificamos y estereotipamos, perdemos la sutileza, la individualidad, la relación. Pero, ojo, no caer en el detalle, se corre el riesgo de perder el significado de la situación.

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"Teoría", "teatro", proceden de la misma raíz griega que significa "ver". Una teoría es un teatro de la mente, algo proposicional, su sentido se cumple mientras se escenifica. La teoría nos abstrae de un contexto muchísimo más amplio.
            El contexto en el que nace una teoría cambia permanentemente, los decorados son otros; de modo que siempre se producen nuevos teatros, teatros de la mente: otros los actores, otros los autores, otros los tiempo y lo escenarios.
            Las teorías son herramientas, como decir, implementos de uso para que la mente construya significados, como tales cambian según el oficio que se desempeña.
            En cuanto a este teatro-teoría, ha ocurrido que hemos resultado creyendo, a pie juntillas, nuestras producciones teórico-teatrales.
            Las teorías, por otra parte son los anteojos con los cuales vemos otros decorados, anteojo que pueden no servir cuando los ángulos y las distancias cambian.

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Los objetos, los hechos tienen la forma y las propiedades que nosotros les colocamos u observamos. Son formas que no están solamente en el objeto, la situación, también están en nuestra mente según el campo de percepción donde estemos. Todo está en aquello y en nuestra mente. Las dimensiones que tienen no son arbitrarias ni absolutas. Esto es como estar en una espiral, no en el de la linealidad causalista primaria.
Al ahondar en los eventos y en las cosas vemos puntos, no se parecen en nada a lo que da forma a esos puntos, de primer momento; los puntos parecen contener otras formas. De modo que son tantas las formas de una misma realidad.
¿Qué cosa es esta relación sujeto-objeto? Relaciones paradójicas. Nuestra mente es parte integral de los objetos, los hechos; uno no se separa de eso que está fuera, todo está ahí y dentro de mí.
Cada vez que percibo aquello fuera de mí lo modifico, como me modifica a mí. Por lo mismo no sólo percibo eso sino que me percibo a mí mismo, como un todo integrado, transpersonal.
Mi mente un detalle más en el infinito fractal de la naturaleza. Una vez entendida la relación sujeto-objeto desaparece la dicotomía, desaparece el problema de si las formas son inherentes a las cosas.
Más aún, las cosas, los eventos, no dependen sólo de ellos ni de mí, también dependen del contexto en que se producen, yo soy parte de ese contexto, las cosas parte de mi contexto. Todo es entrelazamiento.

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Los estudiantes, hoy, han perdido la posibilidad de relacionar abstracción con realidad; la abstracción es un modo de lenguaje. Verbalización y escritura son abstracciones recabadas de los hechos, las situaciones. Si la abstracción no tiene correspondencia inmediata con la realidad, con lo experimental, quien escucha entiende poco de cuanto se dice; deduce poco, casi nada, de las relaciones al interior de la cuestión.

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Decir camino para ir por él. La bruma se diluye y se otea el horizonte. Decir camino para devenir sendero. Imposible el retorno. Igual, nuca llegada. Pasaje y senda donde meollo y visual se unen y dialogan. En el hablar lo nombrado se hace presente. El paisaje se hace vigente.

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Utiliza lo público para defender intereses personales y ascenso burocrático.

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Vivir juntos. Con tantas diferencias para vivir juntos y, al mismo tiempo, semejantes. Para que ello sea posible los códigos de buena conducta, reglas para el juego social.

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Recuerdo el baúl de mi abuela Anunciación, sus conteras de cobre y, dentro, el aroma alcanforado de sus pertenencias.

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Uno no inventa, descubre; relaciona.

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Formular una pregunta es negar la solución. La solución niega la pregunta.

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Ser altamente respetuoso de la diferencia. Alejar todo sentimiento proselitista y monoteista.

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Ser constantemente festivo, estar dispuesto a celebrar cualquier acontecimiento donde prima la vida.

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Algunos se complacen en creer que Dios quebranta, en favor de ellos,  el orden natural de los hechos, hablan de milagros. Les parece que una exposición concisa y literal no mueve el alma. Si Moisés hubiera dicho que fue simplemente el viento del este lo que le abrió camino a través del Mar Rojo, hubiera causado poquísima impresión. Los apóstoles recurrieron  a las narraciones de milagros a través de parábolas que vienen a ser adaptaciones necesarias a la mentalidad común. La religión se expresa a través de imágenes, se presenta aureolada por lo sobrenatural; su modo de convencer, de admirar, de ganar adeptos.
            Para Santo Tomás de Aquino un milagro es algo “hecho por el poder divino que se aparta del orden que generalmente siguen las cosas”. En el lenguaje moderno esto significa violación de las leyes de la naturaleza. En otras palabras, Dios transgrede las reglas.
            Los milagros son sucesos naturales poco comunes. Nuestros antepasados eran fanáticos, supersticiosos y dieron origen a sistemas religiosos. A veces el disparate está en nosotros al creer en estos sistemas. El milagro, entendido por estos sistemas, disfraza historias de brujería y magia.
            Hay dos tipos de sucesos sobrenaturales: los originados por Dios y a éstos se les denomina milagros, y los desagradables como la magia negra, cuyo origen no parte de Dios.
El milagro, para el científico moderno, que piensa el mundo en función de  leyes, es una conducta desviada, un acontecimiento patológico que estropea la belleza y la elegancia de la naturaleza.

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Diálogo.
-Hombre de poca fe, hay una palabra divina. Está en la Biblia. Es la verdad. Eso de que hay pruebas de la evolución; no creo. Que tiene millones de años, menos. Dios creó el mundo alrededor de cinco mil años, como se deduce de la lectura de la Biblia. Dios pudo crear los fósiles que aparentan tener millones de años.
-Cuanto usted dice, se basa en la fe, por tanto no puede ser probado ni discutido. Creer así es un privilegio. Uno puede preguntarse cuál es el objeto de crear un universo con esa cantidad de engaños y de ilusiones. En fin de cuentas, el trabajo de hacer un universo con seres humanos dotados de inteligencia, y proceder a burlarse de esa inteligencia, no tiene pies ni cabeza. Difícil aceptar que haya un Creador bromista; que dé pistas equivocadas.

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Dios creó los animales, el hombre los denominó. Nombrar es poder.

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El hombre, al estar en la tierra, le ha dado nombre a todo. La tierra, entonces, era  fiesta imaginativa. Ahora muere lentamente pues el hombre revuelve y refunde sus entrañas buscándose a sí mismo para emprender viaje a las estrellas.

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El Demonio es andrógino y trae la liberación de la carne. Quien pregunta tiene el demonio en el cuerpo.

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William Blake: “Puesto que todas las riquezas de este mundo
podría ser regalo del demonio y de los reyes terrenales,
me sentiría sospechoso de venerar al diablo
si agradeciera a mi Dios los bienes mundanos”.

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Está en el centro de la vida y se pregunta si es lícito dar muerte a quienes ponen al revés el mundo para lograr con ello la sanidad de la época. ¿Les reconocería Dios esa obra?

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El celo de Dios por los hombres ha devenido en calamidad.

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Gozo de buenas chuletas, de mejores vinos, de puestos de privilegio. Esto significa que he abusado en nombre de Dios. Inventé el reino de Dios y he sido yo quien ha determinado los valores. Por decir esto, habrá alguien que dirá que Dios no castiga directamente sino que se vale de los hombres para hacerlo. Acaso he dicho divinidad vacía. Mejor dicho, llena de los atributos imaginados. No dudo de Dios porque esté insatisfecho en el mundo, sino porque no tiene necesidad de esconderse. Dónde su bondad si condenó a Ashaverus (el judío) a caminar eternamente, cuando, camino del calvario, quiso descansar y Ashaverus lo obligó a seguir adelante. Misericordia quiero; no compasión. Me dirán prófugo del infierno.

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Si el beso es símbolo de amor, la entrega de Judas a quienes lo iban a prender no fue de odio. Con amor lo entregó. ¿Por qué llevarlo al suicidio?

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El hombre nace del hombre, los dioses nacen de los hombres. ¿Existe el hombre porque piensa en Dios, o existe porque Dios lo piensa?

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Cada vez algo nuevo. Muchos se asustan por la novedad. Se retiran. Quien no, se adentra en oscuridad, pues saben de promesas.

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No buscar la bondad por el deber de buscarla. Se está en ella y se expresa en el camino, aunque los caminos se bifurquen o sean difíciles; aunque los puntos de fuga se multipliquen.

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La elevación de la ostia en el ritual católico fue práctica de los sacerdotes de Amenhotep; simbolizaba la elevación o nacimiento del sol.
            En tiempos faraónicos se dijo: “Pero cuando el sol se levante en el signo del pez, el pez será el signo del nuevo evangelio”.
            En Egipto el pez era un animal impuro.

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La Lanza de Longinus. El centurión romano Gayo Casio, desde su caballo, atravesó el costado de Cristo en la cruz. Manó sangre y agua. Era una vieja costumbre de comprobar, en el campo de batalla, que el enemigo abatido estaba muerto. La leyenda dice que la lanza ha estado en manos de Constantino el Grande; Teodocio I, el saqueador de Roma; Carlo Magno; el Emperador Justino. Dicen que quien la posea domina el mundo bajo el signo del bien o del mal. Según voluntad. (Acaso disparate).

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Savanarola tronaba contra el placer y la riqueza: “Oh, Florencia, no eres más que un pedazo de carne en los ojos. Los días de tus canciones y tus bailes no volverán. Lava tus calles y tus plazas con ríos de lágrimas. Maldito sea los libros inútiles. Maldito sea la belleza vanidosa. Maldito sean la  falsa ciencia. Malditos sean los pecadores en el fruto de sus cuerpos y de sus campos, en el trabajo de sus campos y ciudades. Maldita sea la alegría. Malditos sean todos los que viven con alegría”. Cuando agonizaba en el lecho, un rayo cayó sobre la catedral que tembló. Los que  vieron y oyeron dijeron: “Savanarola es la espada del señor y se abate sobre los pueblos”.

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La acacia. Con su madera se construyó el Arca de Noé. Se relaciona con la leyenda de Osiris.

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Marca del sermón con más tiempo. Sesenta horas con treinta minutos. De la muchedumbre quedaron cuarenta y cinco. ¿Cuántos de estos despiertos? Uno de ellos se niega a la transfusión de sangre; testigo de Jehová. Cuando el sermoneador terminó, un judío ortodoxo hizo sonar su shofar, el cuerno de carnero. Cuando bajó el hombre de la tarima que le había servido para su hazaña, alguien de los cuarenta y cinco, que acababa de despertarse, le enrostró haber olvidado mencionar al filósofo Arquites de Tarento (siglo IV a de C.), el primero en lograr tener alas. Otro lo reconvino por no haber hablado del martillo mágico de Zequilé con el que el rabino golpeaba un clavo, nombrando a su vez al enemigo, que se hundía en la tierra, aunque estuviese lejos. Un hombre, que no había estado en las primeras veintitrés horas, y que por razones de hogar tuvo que retirarse, al regresar, le preguntó a uno de los cuarenta y cinco, si en algún momento había mencionado cómo Averroes enterró un rayo de sol bajo el primer pilar de la parte izquierda del Santuario Alcoran, en la mezquita de Córdoba. Quien le respondió que no, le agregó que sí había hablado de cómo los druidas adoraban la sagrada llama oscura.

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Zoroastro o Zaratustra, predicaba tres principios: purificación, trabajo y combate. Purificación del alma y del cuerpo por la oración y el culto del fuego; trabajo de la tierra por el arado fecundante y el cultivo de las esencias sagradas: ciprés, cedro y naranjo. Zaratustra, el que lucha contra el Abriman (divinidad de los antiguos persas) y los tiranos confundidos con las tinieblas.

Abriman, para Zaratustra, es el principio del mal, así como Onomazes es el principio del bien; por el temor que el pueblo le tenía al mal, preferían escribir el nombre al revés.

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Dios entre las huestes. 1876. Palmira, Valle. El general conservador, Francisco de Paula Madriñán se pronuncia contra Conto que es apoyado por el gobierno central. Antioquia y Tolima están con la rebelión. Los ejércitos conservadores marchan al Cauca, los dirige Arboleda que quiere castigar a Conto, a quien le endilgan que persigue a la Iglesia. Los conservadores portan estandartes con el Corazón de Jesús estampado, imágenes de santos, camándulas y escapularios amarrados a fusiles y lanzas. En la vanguardia José Miguel Villegas, sonsoneño, de barba negra, tez lechosa, vestido con túnica blanca; dicen de él ser la encarnación de Cristo.
Los bandos invocan a Dios. ¿A cuál de ellos responde el de arriba?

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Áspero de carácter, funesto y desobediente; cruel e insolente con los disminuidos; de conversación ruidosa. De muchas humoradas pero de poco ingenio. Treintaiocho años. Acostumbra vestir espléndidamente. Muy a menudo se queda hasta tarde la noche jugando con sus compinches dominó en la terraza de su apartamento. Hay que abonarle que no va a los casinos de la ciudad. Parece sentir necesidad hacerlo los sábados después de la cinco de la tarde, hasta las dos de la madrugada. Juega gruesas sumas de dinero; momentos en los que come y bebe mucho más de lo que su salud puede soportar. Siempre, a su alrededor un séquito de báquicos. Preocupado de que sus acciones sean conocidas, en su interior se vanagloria de ello. Sus padres ya no viven. Un ajuste de cuentas, entre mafiosos, los sacó de la vida. No se ha casado. Tiene amantes, dos le conozco; una la trae a menudo a su apartamento cuando no está jugando con sus amigos o guardaespaldas, la otra lo aguarda por  lados de Canapote.

Tenía veintisiete años y no sabía escribir una historia en el papel. Me debatía entre palabras a las cuales les captaba el sentido, pero no sabía cómo hilarlas, cómo organizarlas para mostrarlas elegantes, solventes, directas. Cuanto me salía eran sentidos empobrecidos por una prosa insulsa, sucia y ripiada. Por ejemplo, escribía lo que veía hacer en un restaurante, su prosperidad sostenida, la agilidad de los empleados para atender a los clientes en las mesas, las carreras de los mismos entre las mesas o buscando la calle para llevar almuerzos a otras partes, a otras hambres. Luego el salón, luego el refrigerador nuevo, el abanico colgado del techo, la luz del medio día abundando sobre las mesas luego de deslizarse por la ventana. La sonrisa satisfecha, orgullosa de la dueña al mover su caderamen entre la caja registradora y el refrigerador, sin decirlas porque las palabras estaban atadas, dominadas por mi falta de pericia. Nada me salía más allá de describir, del simple enumerar acontecimientos; la vestimenta vaporizada, estilizada y perfumada de los acontecimientos en el armario, sin saber cómo descolgarla del perchero para ponérmela y ajustar sentidos.

La verdad es un desacomodo en la naturaleza, un monstruo de mil cabezas y en todas las cabezas la risa es sardónica, burlesca, soberbia. La verdad así es un oficio de totalitaristas, de mesiánicos, de elegidos por fuerzas oscuras o luminosas según la mirada al diablo o al dios; hoy, la ciencia y sus racionalidades esenciales contribuye al discurso de la verdad y se agota en la esterilidad imbécil de apropiarse del sentido del mundo, pretende saberlo todo y resolverlo todo y esto casi siempre acaba en crímenes, en negaciones al otro, de lo otro.

No entiendo que un hombre ofrende su vida por otro. De qué le sirve su sacrificio, defunción, si en la muerte nadie está para admirarlo, para consolarlo, para decirle su valía y su valor. ¿El vivo? ¿El que amplió el tamaño de su tiempo y vio el desvío del mal yendo hacia él?, goza de la vida y ríe, no tiene heridas para recordarle su dolencia; tiene, sí, una memoria que pliega y purifica su imprevisión cada mañana. El vivo sólo sabe de distancias entre una situación y otra, la manera como cada instante entre el sacrificado y él es espacio donde la voz se pierde antes de llegar al río de la muerte.

Uno, como adulto, puro idiota. Un educador con los guayos mal puestos, mirando hacia el pasado. Tomamos a los niños y los inducimos a que se nos parezcan, a que aprendan cuanto nosotros hemos aprendido. Y lo que hemos aprendido sólo nos ha llevado a depredar la naturaleza, a sublimar nuestra vanidad, a negarle la alegría a quienes se levantan en la mañana para reírle al día. A nuestra semejanza, pobres niños. Tan pálidas nuestras razones para no hacer daño, tan ampulosas para construir la esperanza y el orden.

La pomada, popular entre griegos y egipcios. La palabra viene de “poma”, que en latín significa manzana. Para prepararla tomaban una manzana madura y le insertaban resinas olorosas, flores secas, otras substancias con atributos terapéuticos. Luego se sumergía la manzana en grasa de buey. Después de un tiempo extraían la manzana, la molían y hacían un filtrado que permitía eliminar los trozos duros de la grasa.

El Almanaque Bristol. El tiempo, la llegada de otras formas de percepción, la técnica no han logrado cambiarle de aspecto, esa superficie rosada y nostálgica. Desde 1882 viene haciendo predicciones pocas veces cumplidas. Tantos siguen teniendo la misma fe sobre él como en los primeros tiempos. Siguen ahí los anuncios de Jabón Reuter, Tricófero de Barry,  Agua Florida Murray, Brillantina. El retrato de la portada en nada ha cambiado. Continúa anunciando eclipses, días favorables para cultivar la tierra, para ir de pesca, el movimiento de los planetas. Abundan, igualmente, los chistes ingenuos, las citas orientadoras de la fe y el conocimiento. Fiel estampa del comportamiento cultural del colombiano: ingenua, superficial y aferrada a tradiciones y creencias.

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Me encanta vivir en la zona límite entre la realidad y lo fantástico; ese lugar me extrae de la grosería de lo marginal y pesado. Me gusta esa levedad, esa flotar en la frontera; allí, enriquecido de sensaciones sutiles y vaporosas. Dulce vaguedad del asombro y la osadía.

La niña vive en la calle. Su hogar el azaroso fluir de la ciudad. Carga un costal. En el costal sus pertenencias, su riqueza material, tal vez su porción de sus sueños. Tiene la cara sucia, el vestido rasgado en el ruedo, lamparones de mugre por todas partes. La acompaña un perro. El perro renquea tras ella. Cuando descansa, recostada a una pared, sentada sobre el piso, le habla con afecto al animal. Una vez la vi alejarse del costal le pidió al animal no seguirla, y no se movió; no hay duda, el perro da la vida por defender cuanto pertenece a su ama. Sus ojos tristes se tornan duros y fieros cuando un extraño se acerca. Tanto amor en la anormalidad de un acontecer.

“La cenicienta”. Uno de los cuentos más conocido de Ch. Perrault. Se sabe del cuento desde el siglo IX a. De C., en China. Los detalles que nos dicen de origen oriental, es el pie pequeño; en esa cultura el pie pequeño es tomado como signo de virtud, distinción y belleza extraordinaria. Mucho antes que Ch. Perraul diera forma al cuento, existía un dicho popular que decía: “vivir entre cenizas”, que es una expresión simbólica de quien ocupa un lugar inferior al de sus propias hermanas. Los hermanos Grim, en Alemania, también hicieron una versión del cuento (“aschenputtel). Allí en Alemania, también, Martín Lutero dijo que, frente a Caín, Abel era el “aschenbrodel”, o sea el “hermano ceniciento”; así mismo Jacob era “hermano de cenizas”. ¿Cuál puede ser el sentimiento de un hermano que se sabe desplazado en el amor, en el trato por el padre, que no lo prefieren a él, “el ceniciento”?

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Jean Badel Bokassa, emperador de la República Centroafricana. En la ceremonia de su coronación gastó un tercio del presupuesto anual de su imperio. Para sufragar los gastos de su coronación, Bokassa accedió a recibir la contribución “voluntaria” de sus súbditos, un total de 20 millones de dólares. Su manto pesó veinticinco kilos –diseñado y confeccionado por el francés Oliver Brice-, recamado con ochocientas mil perlas cultivadas y un millón y medio de esferas de oro. El pueblo de esta nación posee un índice de analfabetismo del 90%, el PNB es de doscientos treinta millones de dólares. Subió al poder en un golpe de estado en el año de 1966.

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La autohemoterapia, consiste en inyectar al enfermo su propia sangre. En ciertos momentos, en el campo, he visto extraer sangre a los vacunos para inyectarla luego al mismo animal. Remedio para que tumbar, en corto tiempo, las verrugas que lo afean.

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Sedentarismo, arraigo. Con la cabeza alzada tapa el sol; ella lo puede, es serpiente y es enorme y, si quisiera, puede tragarse un pueblo entero. Se tiende en los caminos e impide al viajero adulto su errancia y sus intensiones de menearla para llevarla a otro territorio. La importuna el nomadismo, la movilidad la trastorna. Si ve llegar a un niño, su cuerpo se hace liviano y el niño pasa; en cambio, si es adulto, su cuerpo crece en volumen y el hombre no consigue moverla, entonces se ve obligado a buscar otro camino. Ella no es belicosa. Aprendió su artilugio de una representación en yeso de la virgen del Carmen que, cuando la quieren transportar de Coloya a Lérida, pesa más que en otras circunstancias y no logran sacarla más allá de las puertas del templo.

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El hombre, cuando se embriagaba, solía ir al lugar donde estacionaban taxistas en Armero. Una vez llegaba pedía a un conductor lo llevara lejos. Solía viajar doscientos, trescientos kilómetros, para beber una cerveza, comer algo distinto de cuanto la ciudad le ofrecía, o para ver mujeres bonitas. Supe que, en una de esas  borracheras, tomó la decisión de ir a comer pandebonos en Cali. Otra vez, en la madrugada, luego de haber bebido cerveza por cinco horas en el Café Ancla, hastiado de la bebida, aburrido de ver el mismo paisaje del parque Los Fundadores, tomó su carro rumbo a Bogotá, allí la cerveza la podía tomar fría, sin necesidad de haber estado en neveras.
Un día lo acompañé a comprar un par de caballos. Los encerraron, ensillaron, el chalán los montó y los paseó por el corral y los caminos aledaños. Mientras le exhibían el primero, me dijo, quedo en el oído: “Trocha y galopa sacando las manos hacia los costados”. Al segundo: “Su grupa es exageradamente elevada”. No dijo nada al dueño de los animales, simplemente le dio las gracias y nos despedimos. En el carro, de regreso: “Esos caballos son ‘lavafrascos’”. Rió al decírmelo. Su risa fue tapada por sus manos, era su costumbre. No se sentía a gusto con el vacío que le había dejado un diente al desportillárselo cuando jugaba con un yoyo que no supo atrapar con la mano cuando lo había enviado hacia delante para recibirlo luego. Le resbaló de la mano y los labios no le tapaban la dentadura, pues estaba feliz, destrabada su risa al viento.

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Como amigos se veían muy a menudo, hablaban de lo cotidiano, de sus familias, amistades, de sus aspiraciones; compartían juegos, idas a cine, salidas al campo. Cuatro años donde las palabras y el estar uno junto al otro era lo fundamental. Hasta cuando ella, de modo desprevenido, dijo la frase que sirvió como detonador del apetito del hombre por su cuerpo. Entonces le dijo que la deseaba, que no podía entender cómo la fogosidad se venía en derroche en ese instante. Y ella: “Cariño, cuatro años, cuatro esperando que lo dijeras...” Cuántas cosas se consumen en el silencio de este mundo que respira y yace sobre el caparazón de una tortuga. 

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El haiku. Con él y en él se enseña la eternidad de un momento. El instante estalla en todas las variantes posibles. Hay concreción y profundidad en el pensar. Va uno:
¡La vieja alberca!
Una rana se zambulle.
¡Ruido de agua!
Lo puedo interpretar como todo calmo, silencio, de pronto, la rana salta hacia la alberca. Escucho el agua, la música que hay en esta, el ritmo de la piel de la rana al apartar el agua con su cuerpo.
El haiku es símbolo de vida contemplativa interrumpida inesperadamente por un acontecimiento externo.
El pueblo japonés ha substituido los “bridge parties” de occidente por veladas poéticas donde el haiku impera; el genio japonés alcanza la perfección de lo diminuto, del verso tan reducido como jardín japonés en miniatura. Veamos esta escena humorística:
¡Qué diversión más deliciosa
Soltar luciérnagas en el lecho
Bajo el mosquitero.  (Buson).
Ahora esta evocación romántica en el haiku de Mogan:
Del palanquín del daimio
Levantóse el visillo
Pétalos de cerezo flotando entraron.
Otro:
El anfitrión calló
El huésped enmudeció
Y silencio guardó también el blanco crisantemo.
Probablemente, en este haiku, reina el silencio cuando Buda levanta la flor de loto y, sonriendo, comunica a Kasyapa el secreto del Zen.
El haiku es como un mantra o conjuro verbal. Es la fugaz constancia del instante del Satori.
Por el páramo estival,
Nuestro guía
Uno que a cuestas lleva forraje para su caballo.
Aquí la imaginación se potencia a partir de lo que se lee. La imaginación aquí no posee terreno vedado.
Basho describe una tranquila mañana otoñal:
¿Una brisa tempranera?
Sí, y allá en las blancas nubes un ganso solitario,
¡Nada más!
En tan pocas palabras, con un par de imágenes, las imágenes del cerebro del lector se multiplican. La brevedad tiene esta virtud. La extensión apaga. Lo da todo y, dado todo, el cansancio de no ver ni pensar más.

Orígenes del haiku. En el siglo VI la poesía japonesa era sencilla, se deba en versificaciones de menos de veinte versos, no rimada y de metro variable. La modalidad preferida de aquella época era el tanka, poema de 5 versos y 31 sílabas (5.7.5.7.7) que, cinco siglos más tarde, sería el género poético clásico. Entre los años 700 y 760 hubo una explosión poética; edad de oro en que las baladas, poemas líricos, elegías y epopeyas mitológicas constaban algunas veces de 50 a 100 versos.
En el siglo XII se generalizó la costumbre de que el tanka fuera obra de dos poetas, los tres primeros versos de uno y los dos restantes del otro. Este tipo de poema se conoció como renga o verso eslabonado. Con el tiempo los tres primeros versos del renga, cuya medida de 5.7.5 constituía el haiku, y tenía más importancia que el poema mismo. El haiku surgió, también, como revolución a las limitaciones que se le imponía a la poesía.
Los principales cultivadores del haiku fueron Yamazaki Sokan, Arakida Moritaki, contemporáneos de Rabelais. De Sokan:
Ponedle a la luna
Un mango
¡Mirad! ¡Qué abanico más bello!
El siguiente haikú, me parece, muestra cómo el espacio es tan blanco como la sonrisa de una mujer enamorada del paisaje:
Si no fuera por su voz,
Serían las garzas
Una pincelada de nieve y nada más.
De Moritaki es este:
Los verdes sauces
Dibujan cejas
En la faz de la colina.
Desde el siglo XVII, el haiku fue reconocido oficialmente como la manifestación característica de la poesía japonesa. En esta época, Matsunaga Teitoku, formuló los preceptos del haiku. Suyo es:
¡O, luna de otoño
Que cruzas el cielo de medianoche
Esparciendo sueño de mediodía en nuestros ojos!
Matsunaga Teitoku, tuvo cinco discípulos, conocidos como las “cinco estrellas”: Yasuhara Teishitsu fue quien se dedicó por entero a la poesía; pero, cosa singular, destruyó toda su obra y sólo dejó tres haiku. No más este le vale eternidad:
¡Oh esto¡ ¡Oh esto!
¿Con qué palabras descubrirlo?
Montañas de cerezos en flor, Yoshinoyama.
Soin, fines del siglo XVII, fundó la escuela Danrin. Un haiku que sirve de ejemplo a esta escuela es:
Si cantara
La mariposa
Quizá tuviera que sufrir en una jaula.
Un inmenso poeta, en el siglo XVIII, fue Taniguchi Buson, segundo pilar de la poesía después de Basho. De él:
Noche de primavera
¡Oh, entre el crepúsculo
Y el amanecer!
A partir de Buson se destacaron algunas mujeres; tenemos a Kaga-no-Chiyo. Luego de este período el haiku decayó y se convirtió en una forma amanerada, anquilosada.
Hoy, el culto al haikú ha vuelto a florecer. Un exquisito poema que pertenece a Basho:
¡Un tallo de hierba
Donde, en vano, en vano
Una libélula tratóse de posar!

Basho (hoja de banano, símbolo de la flexibilidad y la trasitoriedad, la efímera existencia). Matsuo Basho, de estirpe samurai, nació en 1644. A los nueve años empezó a componer versos. Antes de cumplir los treinta años Basho formó una escuela en Yedo (Tokio). Para Basho, el haiku debe brotar del corazón y no ser producto de la técnica; debía ser “la verdad inmutable engarzada en una forma fugaz”. A parir de 1672 el poeta entró en peregrinaje. Murió en 1694 y compuso su propio epitafio:
Enfermo en mi peregrinar
Y por campos angostos ya, los sueños
No dejan de vagar.
El tema favorito de los poetas para componer el haiku son los cerezos en flor, como igualmente lo es de muchos pintores, es el símbolo de lo que en el Japón se denomina mundo flotante, o lo que es lo mismo, la transitoriedad de la vida; su floración dura sólo tres días. Esta brevedad se asemeja al haiku.
Para terminar:
Envuelve tortitas de arroz
Mientras con una mano
De su frente aparta el cabello.
He aquí la eternidad del momento, el sumun de un instante que se hace eternidad en su transitoriedad. 

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